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Varanasi, en busca del descanso eterno

La cultura occidental dejó de amar y comprender la muerte hace mucho tiempo. La muerte es vista como algo ingrato. Sin embargo, hay sitios en el mundo donde el paso de la vida a la muerte es motivo de celebración, sin tristeza.

En la India la muerte se venera igual que la vida y juntas, van de la mano para darle un sentido lógico a nuestra existencia. Varanasi, también llamada Benarés, es una ciudad sagrada de la India situada en el estado de Uttar Pradesh. La ciudad está bañada por el río Ganges y atrae miles de peregrinos que buscan allí el descanso eterno.

Vida y muerte se dan la mano en esta ciudad. Para los hindúes, el final de esta vida no es más que el principio de la siguiente o, en el mejor de los casos, el fin de los ciclos eternos de la muerte y el resurgir. Por eso, la muerte de una persona no tiene un significado peyorativo. Según el hinduismo, cuando una persona muere en Benarés o en un radio de 60 kilómetros de la ciudad, su cuerpo puede ser incinerado y arrojado a sus aguas. Así, su alma se libera de la rueda de la vida y la interminable cadena de reencarnaciones.

El ritual es sencillo a la vez que estremecedor para los occidentales. El cuerpo del difunto se lava con el agua del Ganges, considerada un agua que purifica y expía los pecados, y luego lo dejan secar en el suelo. Cuando está seco, ya libre de pecados, se coloca el cuerpo en una pira de leña y prenden fuego. El humo de las piras funerarias significa la liberación final de unas almas atormentadas por el ciclo terrenal de las reencarnaciones. La altura de la hoguera y el color del fuego revelan la casta del difunto. Los porteadores (encargados del ritual) recogen las cenizas y bajan otra vez hasta el río y las sumergen al Ganges.

Sin embargo, hay cuerpos que se echan al río sin ser incinerados. Son arrojados con una piedra de gran peso y volumen atada al cuerpo. Este es el caso de los bebés y mujeres embarazadas, que no se incineran porque no han vivido suficiente. Los muertos por lepra tampoco se incineran ya que al incinerarlos se esparce volátilmente el mal y creen que las aguas del Ganges matan el virus. Y por último, las personas que han sido mordidas por alguna serpiente se dejan flotar durante 10 días ya que, según dicen, las aguas del Ganges, pueden traer de nuevo a la vida a estos seres dormidos. Los que habitan al lado del río están atentos por si el cuerpo se levanta de su lecho de muerte, ellos son los encargados de ayudarlo a volver a esta orilla.

Sea como sea, muchos hindúes llegan hasta Varanasi para purificar sus almas de los pecados del pasado y para buscar la paz redentora de la Diosa Ganga. La ciudad de culto a la muerte es también la ciudad de la vida. Se trata, sin lugar a dudas, de un lugar eterno, una ciudad hecha de fervor y de esperanza.

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